14 febrero 2013


La aceleración define muy bien al hombre de nuestro tiempo: Heidegger, en El ser y el tiempo, señaló su incapacidad para detenerse en la contemplación y el afán creciente por novedades. Tal avidez va unida a la inquietud por lo nuevo y por el cambio, a una dispersión creciente, a un no demorarse nunca. Esas características fundan un “ser en el mundo” que es denominado “falta de paradero” como nombre del desarraigo. Ya Claude Lévi-Strauss había observado que el consumo estaba transformando a los estadounidenses en niños al acecho de novedades. Lacan se refirió a la figura del “niño generalizado” inspirándose en una fórmula de André Malraux: “No hay personas mayores”. (Silvia Ons)